Juan Vegazo, pionero de la Arqueología Andaluza (I)

Hasta hace muy pocos años no se ha comenzado a estudiar en detalle los inicios de la Arqueología española. Hasta ahora, había sido el estudio aislado de los grandes eruditos de los siglos XVI y XVII los que habían dominado estos inicios balbuceantes de la arqueología peninsular. Sin embargo, es a partir de la llegada de Carlos III, que ya había sido el artífice de las excavaciones de Pompeya y Herculano, cuando la Arqueología se convierte en ciencia y se desarrolla en la España de la Ilustración. Durante el reinado de Carlos IV se promulgarían ya las primeras leyes de protección de monumentos arqueológicos y se dictaron las “instrucciones” para recoger, de forma sistemática, los objetos y los datos de los yacimientos arqueológicos.

Es, en esos años de euforia arqueológica por el descubrimiento de Pompeya, cuando un ubriqueño se percató de que en lo alto de la Sierra de Benalfí (o Benafélix como también se le llamaba) existían unos restos arqueológicos dignos de ser rescatados. Fue así, como Juan Vegazo se convirtió en el descubridor, excavador y primer investigador de las ruinas de la ciudad íbero-romana de “Ocuri” (Ubrique, Cádiz).  Tras comprar los terrenos, excavó, recuperó importantes piezas, y dio parte a las autoridades académicas de esos descubrimientos durante varios años, aunque su familia, sus paisanos y finalmente los eruditos lo tildaran poco menos que de loco…porque incluso llegó a construirse una casa en el antiguo foro y vivir en ella…

Debo destacar que, a nivel peninsular, la ciudad de “Ocuri” es precisamente uno de los yacimientos que primero se excava y  Juan Vegazo es, posiblemente, uno de los primeros auténticos arqueólogos de Andalucía (sus predecesores entrarían más en la categoría de eruditos o de anticuarios), ya que, para mi entender, utilizó una especie de “técnica descriptiva” en sus excavaciones, sectorizó el yacimiento, anotó concienzudamente lo que iba apareciendo, describió estructuras e incluso hizo comentarios sobre las tierras que extraía, en lo que podríamos considerar como una rudimentaria “lectura estratigráfica”,algo que no era lo habitual en las excavaciones “oficiales”.

Sin embargo, toda su labor, toda su obra, incluido su “diario de excavaciones” fue silenciada tras su muerte, condenándose también al olvido su memoria. Tanto es así que hoy día nadie sabría nada de él si no hubiera sido porque sus escritos se conservaron como “una rareza” por un bibliófilo empedernido (el 2º duque de T’Serclaes) y que partes del mismo fueran publicadas en 1944 por el capuchino Fray Sebastián de Ubrique en su monografía sobre la historia de esta villa.

Restos de la casa que Juan Vegazo construyó usando materiales romanos en "Ocuri"

Para mí, particularmente, la figura de Vegazo siempre ha sido la de un pionero, la de un hombre que se entregó, en cuerpo y alma, a descubrir algo que le llegó a obsesionar  y que solo le granjeó problemas e incomprensión entre sus más allegados. Precisamente por esa precocidad tuvo la “mala suerte” de ser cuestionado, casi desde el principio, por los eruditos y anticuarios que a la sazón, dominaban la por entonces joven Real Academia de la Historia y Vegazo sigue siendo, hoy día, una personalidad nada conocida por la Arqueología Andaluza, que hasta la fecha sigue sin poner en el lugar que debe corresponderle a este auténtico arqueólogo, pionero de la arqueología de campo, de finales de la Ilustración.

Por ello, desde hace años me propuse reivindicar su nombre, oscurecido desde el mismo momento de su muerte, no solo por sus propios herederos, que de alguna forma pensaron que su trabajo había sido un dispendio de su fortuna en algo “inútil” (¡cuantas veces habré oído a lo largo de mi vida la palabra inutilidad relacionada con la arqueología!…¡en eso no hemos avanzado en más de 200 años, no!), sino, lo que es peor, por los mismos “anticuarios”, que no arqueólogos, de su propia época que le negaron el estatus requerido para ser tenido en cuenta entre sus ámbitos, despreciando su trabajo.

Las desafortunadas circunstancias históricas que sucedieron en los años siguientes a su muerte (epidemias, hambrunas, crisis de la monarquía absolutista, guerra de la Independencia, quema de los archivos de Ubrique, etc…) solo consiguieron acallar aún más sus trabajos.

En una próxima entrada seguiré comentando la figura de este ubriqueño tan desconocido incluso en la propia Ubrique e insertaré un artículo que publiqué en Papeles de Historia 5 (2006) sobre Juan Vegazo.

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Esta entrada fue publicada en Ocuri.

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