Urge la restauración de la Muralla Ciclópea de “Ocuri”, tras el derrumbe parcial de uno de sus lienzos

El pasado fin de semana se produjo el derrumbe parcial del lienzo derecho de la Muralla Ciclópea de la ciudad romana de “Ocuri” (Ubrique, Cádiz). Era algo que iba a pasar tarde o temprano y que he denunciado varias veces desde que en 2004 dejamos el yacimiento. La última vez fue aquí, en estas mismas páginas, hace tan solo unos meses. Escribir esto para alguien que ha luchado por la recuperación para la sociedad de este increíble yacimiento serrano, no es fácil. No hay nada que pueda consolarme en estos momentos de triste pérdida de una importante parte del patrimonio arqueológico serrano, que llega, además, en un momento económico tan lamentable como el que estamos viviendo.

Sin embargo, para ser justos, creo que debo explicar, siquiera someramente aquí, el proceso que seguimos, en su momento, para paliar esta previsible desgracia, porque este lienzo de muralla estaba “condenado” desde hacía años, desde que supimos que no se iba a ejecutar la “Tercera Fase de consolidación y restauración” de la muralla.

Como saben los lectores de este modesto Blog, a partir de 1998 nos hicimos cargo de las obras de puesta en valor, dotación de infraestructura turística e interpretación, así como de las intervenciones arqueológicas de este impresionante yacimiento ubriqueño, enclavado sobre el pequeño macizo calizo de la Sierra del Benalfi, que domina en altitud al actual casco urbano de Ubrique. Desde el principio, comprobamos el estado de peligro de derrumbe que corría una de sus infraestructuras más destacada, la “Muralla Ciclópea”.  La muralla estaba soportando una presión descomunal ejercida por un enorme cono de deyección que se había formado desde la primera de las terrazas de la ciudad hacia la parte inferior, donde la muralla actuaba como si fuera la pantalla de una “presa”, pero en lugar de agua, de miles de toneladas de tierra y escombros. El acusado desnivel entre esta primera terraza y la propia muralla agravaba aún más esta situación.

Esta situación de acumulación de depósitos se había producido por el “taponamiento” de la muralla en el siglo XIX, tras ser abandonado el cultivo de vides que su descubridor, Juan Vegazo, había impuesto para, paralelamente, excavar la ciudad. Sus sucesores comenzaron a usar el yacimiento como encerradero de ganado (vacas, cabras y hasta cerdos) y así se usó el magnífico Mausoleo/Columbario y se cerró con piedras la puerta de la muralla que, seguramente, fue desmochada (Vegazo la vio más completa, con las columnas en sus antas). Este taponamiento artificial convirtió, como he dicho antes, a la muralla en una presa de tierra. A todo ello, la muralla se había inundado de vegetación intrusiva, alguna ya centenaria, como dos enormes lentiscos que habían echado sus raíces en el interior de la propia estructura ciclópea. Uno de ellos, situado en el lienzo derecho, estaba ejerciendo una labor muy destructiva en la muralla, e incluso había desplazado ya varios bloques calizos, quedando otros, prácticamente en el “aire” y sujetos por las propias raíces de lentisco.

Vista oblicua de la Muralla Ciclópea de “Ocuri” durante los trabajos de 2003. Al fondo, los dos inmensos lentiscos (Foto: Luis Javier Guerrero).

En 1999, conseguimos limpiar los paramentos ciclópeos exteriores de la muralla y documentarlos (gracias a la buena labor de Kiko Higueras-Milena) y en el año 2001 se inició la “Primera Fase de Consolidación y Restauración de la Muralla Ciclópea”, que codirigimos con Susana Ruiz y en el que logramos el “destaponamiento” de la puerta y el alivio de la presión ejercida por el cono de deyección, mediante la excavación de gran parte de la zona intramuros.

En 2003 se realizó la segunda fase, con el descubrimiento de los escalones de acceso a la puerta, las estancias del cuerpo de guardia que guardaba la muralla y, lo más importante, una construcción anterior a la propia muralla, una vivienda de los primeros pobladores de “Ocuri”, con unas cerámicas protohistóricas, únicas en la provincia y que permitieron datar el origen de la ciudad (a mediados del siglo VI a.C.).

Vista del lienzo de muralla afectado por la vegetación intrusiva durante las obras de 2003. Observese el tamaño y porte de los lentiscos (Foto: Luis Javier Guerrero).

Sin embargo, la tercera fase, aunque se realizó su proyecto, con intervención de arquitecto y restaurador, nunca pudo ejecutarse por falta de financiación y la terminación del programa Arqueosierra, impulsado por la Mancomunidad de Municipios Sierra de Cádiz y el ayuntamiento de Ubrique y que hasta entonces había financiado todas las intervenciones a través del INEM y la Consejería de Gobernación. Esta fase implicaba ya, para 2004, la tala controlada del mencionado lentisco y la reposición de los bloques ciclópeos a su lugar de origen, lo cual requería el empleo de medios mecánicos semipesados.

Detalle del lienzo afectado, con los sillares almohaillados y el enorme lentisco a su lado (Foto: Luis Javier Guerrero, 2003).

La no intervención durante estos casi nueve años, el continuo paso del ganado (sobre todo de las persistentes cabras…), las escorrentías de los fenómenos hídricos de todos estos años que ha favorecido la pérdida de la escasa tierra que había entre los bloques calizos y el proceso de degradación del mismo lentisco, ha terminado por causar esta desgracia.

Lejos de seguir con los lamentos (como los de Rodrigo Caro en su famosa “Canción a las Ruinas de Itálica” que tan certeramente me ha recordado mi hermano Juan Antonio), lo que es urgente es que las distintas administraciones implicadas, el Ayuntamiento (propietario del yacimiento), la Diputación de Cádiz (con su financiación de programas culturales y turísticos) y la Consejería de Cultura (que es la competente en la materia y en la autorización de los trabajos) se pongan de acuerdo y se elabore un Plan Integral de Recuperación del yacimiento (que lamentablemente no es BIC todavía, a pesar de que se inició su expediente de declaración en 1995…) y de Restauración y Consolidación definitiva de la Muralla Ciclópea de “Ocuri”. Es algo inexcusable, urgente y absolutamente necesario para evitar males aún mayores…

Los bloques ciclópeos calizos derrumbados del lienzo derecho de la Muralla Ciclópea de Ocuri (Foto: Jesús Román Román).

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