Juan Guerrero González… “In Memoriam”

En la madrugada del 12 de agosto de 2014, apenas unas horas después de cumplir 92 años, fallecía en Sevilla, Juan Guerrero González…mi padre.

Hombre luchador, tenaz, incansable, que hizo toda su vida “honor” a su apellido, no solo sacó adelante una familia de seis hijos, sino que fue un auténtico emprendedor, un brillante agente comercial que se ganó el respeto de empresarios, comerciantes y compañeros durante casi 50 años de profesión. Es más, sus profundas ideas democráticas, heredadas de su padre, le hicieron defender desde mediados de los años sesenta la maltratada profesión de agente comercial, siendo primero vocal, luego vicepresidente y finalmente presidente del Colegio Oficial de Agentes Comerciales de Sevilla (1986-1990), donde participó activamente en la modernización de su profesión, incluso a nivel estatal. Durante su mandato se compró y rehabilitó la magnífica sede del colegio en la sevillana calle Orfila, que conserva artesonados y azulejos de principios del siglo XX, en un proceso difícil de negociación que mi padre lideró eficazmente y que le dio un recurso patrimonial de primera magnitud a los colegiados sevillanos. Le concedieron la primera medalla de oro al mérito colegial de los Agentes comerciales de Andalucía, así como otras distinciones.

Sólo una una cruel enfermedad, larga, silenciosa e implacable ha conseguido vencerlo…Ya está con mi madre y ambos en todos nosotros.

Fotografía de mi padre en la calle Monte Carmelo de Sevilla en 1980

Fotografía de mi padre en la calle Monte Carmelo de Sevilla en 1980

 

Si soy arqueólogo se lo debo en gran parte a mi padre. Él fue quien siempre me apoyó en los momentos duros, en los de duda, en los de crisis, a lo largo de toda mi vida. Siempre lo tuve como respaldo y a la vez como modelo. Yo podría haberme quedado a trabajar con él y mis hermanos, en la empresa de agentes comerciales que creó. De hecho, le ayudé en varias ferias comerciales en Valencia (en donde incluso nos cogió el nefasto 23 de Febrero de 1981 con el golpe de Milans del Bosch…), junto a mis hermanos, pero él prefería que yo estudiara, que acabara la “carrera” y me convirtiera en lo que siempre quise ser: arqueólogo.

De pequeño leía con avidez la biblioteca de mi padre, hombre culto y autodidacta que supo inculcarnos a todos el valor de los libros. Gracias a muchos de ellos fue naciendo en mí la idea de convertirme en historiador…en arqueólogo…en excavar en tierras lejanas, en Egipto, en Mesopotamia, en Pompeya…algo inusual para un niño de 12-13 años en la rancia España tardofranquista de principios de los setenta.

Cuando le dije en 1976 que iba a estudiar Historia, sé que le dí una gran alegría y cuando cinco años después terminé la licenciatura en la Universidad de Sevilla, me regaló un magnífico reloj SEIKO que aún conservo.

La práctica de la arqueología en Sevilla a finales de los años setenta y principios de los ochenta era muy difícil y se limitaba a las actuaciones del Museo Arqueológico Provincial, donde colaboraba y donde realmente me gradué en arqueología. Él asistía, satisfecho, a mis primeras excavaciones, a mis primeros hallazgos, mis primeras publicaciones que guardaba con orgullo. Me ayudó a comprarme mi primer coche para poder desplazarme a estas excavaciones, fuera de Sevilla, por entonces todas sin remuneración (como mucho una pequeña dieta para la gasolina y los bocadillos…), a él y a mi madre les encantaba ver mis diapositivas sobre ellas, preguntarme por lo que extraía de la tierra…tocar algunos de los materiales…

Sin embargo, también empezaron mis primeros problemas profesionales que coincidieron, además, con la aparición de mi diabetes, y las cosas empeoraron para mí aún más con la llegada de las transferencias a la Junta…

Mis padres en una comida de los agentes comerciales de Sevilla a finales de los setenta.

Mis padres en una comida de los agentes comerciales de Sevilla a finales de los setenta.

 

Aún conservo un “óscar de plástico dorado” que me regaló en la navidad de 1984 y al que él mismo puso eslogan “Al mejor arqueólogo. Diciembre de 1984. La Roda de Andalucía”. Fue la muestra de su incondicional apoyo, sabedor que aquella excavación en La Roda de Andalucía (una necrópolis y una iglesia rural paleocristianas) fue toda una odisea y una prueba “de fuego” a la que las personas que entonces dirigían la recién creada Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía en Sevilla me sometieron. No bastaba que llevara desde 1977 colaborando con el Museo Arqueológico de Sevilla (es más aquello era un “hándicap” para mí… más que una ventaja), ni que hubiera trabajado ya en numerosas intervenciones arqueológicas, sino que me enviaron, en las peores condiciones posibles, en el peor mes para el ejercicio de la arqueología, con un contrato miserable (oficial de 1ª, ni siquiera licenciado…), sin dietas, sin materiales y sin ningún tipo de apoyo al pueblo más alejado de la capital…mientras otros, más “amigos” de la nueva dirección, se quedaban en Sevilla capital y en los pueblos más importantes (Carmona, Osuna, Écija)…donde, por cierto, alguno sigue 30 años después… está claro que yo no tuve tanto voltaje…

Solo el consuelo, el afecto y el apoyo de mi padre consiguió que no tirara la toalla, que encarara aquella situación y que siguiera luchando durante los siguientes años contra los obstáculos que aquellos “nuevos dirigentes” de la Arqueología oficial me pusieron, deseosos de que abandonara la profesión… evidentemente, no lo consiguieron…yo, como mi padre, como mi abuelo, como mis hermanos…me llamo “guerrero”…

El "oscar" que me regaló mi padre en las navidades de 1984 después de pasar la peor de mis experiencias arqueológicas...

El “oscar” que me regaló mi padre en las navidades de 1984 después de pasar la peor de mis experiencias arqueológicas…

He querido contar aquí solo una pequeña anécdota, pero significativa, de lo que mi Padre hizo por mí, pero son incontables las veces que he recurrido a él y muchas más las que, mirando en su ejemplo, he tomado decisiones importantes en mi vida y en mi profesión.

Sé que estaba orgulloso de mi, tan solo hace un par de meses le contaba al familiar de otro residente de donde estaba ingresado, ya fatalmente enfermo, que yo era un “famoso arqueólogo…¡el mejor de toda Andalucía!”… para él…lo era.

Solo puedo decirte bien alto..¡¡¡Gracias, Papá!!!

 

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Esta entrada fue publicada en General.

4 comentarios el “Juan Guerrero González… “In Memoriam”

  1. Francisca (Paquita) dice:

    Luis Javier, me ha emocionado tu escrito. Esa misma huella dejo en mi por mas de 11 anos. Un orgullo haberlo conocido. Francisca

  2. AGL dice:

    Muy emotivo… Haces bien en hablar públicamente de tu padre, en honrarlo. Nadie muere del todo mientras lo recordamos…

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