Treinta años de la “Carta Arqueológica” de Benaocaz (Cádiz)

Retomo, tras unos meses de ausencia por una grave enfermedad de la que intento recuperarme,  las publicaciones en mi blog y lo hago para conmemorar un hecho que ha marcado profundamente mi vida profesional y particular y del que hoy (28 de abril) se cumplen nada menos que 30 años.

En esta fecha, en 1986, presentaba en la Universidad de Sevilla mi Memoria de Licenciatura denominada “Carta Arqueológica del término municipal de Benaocaz (Cádiz)”, bajo la dirección del catedrático de arqueología de dicha universidad Dr. D. Manuel Pellicer Catalán.

A principios de los años ochenta, aún antes de que existiera la Junta de Andalucía, el Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Sevilla, con D. Manuel Pellicer y  Dª Pilar Acosta a la cabeza, inició una ambicioso plan de sistematización para el conocimiento arqueológico de las provincias de Huelva, Cádiz y Sevilla (en las dos primeras aún no había facultades de Historia). Para ello, los recién licenciados que teníamos claro que nuestra carrera profesional debía ser la arqueología, fuimos coordinados y dirigidos para realizar las primeras investigaciones y prospecciones sistemáticas en base a unidades geográficas, fueran comarcas naturales como los Alcores o el Aljarafe sevillano, o bien en base a términos municipales. El objetivo común era no solo recopilar, inventariar, investigar y dar a conocer los centenares de yacimientos arqueológicos de nuestros respectivos ámbitos de trabajo, sino que estos documentos fueran la base de un posterior planteamiento de protección ante el progresivo desarrollo constructivo que se estaba produciendo en aquellos momentos y que desde Madrid era ya muy difícil de controlar. Recuerdo la anécdota de cómo se dolía D. Manuel  Pellicer de no haber podido impedir la destrucción, por la acción de una cantera para materiales de construcción, de buena parte de un yacimiento que hubiera sido un pilar importante en el conocimiento de la protohistoria del Bajo Guadalquivir, Torres Alocaz (Utrera, Sevilla).

En este sentido, desde 1976, al poco de iniciar la carrera, me puse a colaborar en los equipos de urgencia con los que el por entonces conservador del Museo Arqueológico de Sevilla, D. Fernando Fernández intentaba controlar, sin medios ni personales ni materiales, aquella época de desarrollismo. Mis compañeros colaboradores del arqueológico de aquellos tiempos, echamos literalmente “los dientes” en arqueología bajo su coordinación. Fueron años de trabajo duro, sin remunerar, pero donde aprendimos lo que era esta profesión en su vertiente más cruda.

Entre estos trabajos de urgencia,  junto con mi buen amigo y compañero Juan José Ventura, desarrollé una actividad de seguimiento y control arqueológico de varios equipos de espeleólogos sevillanos que habían localizado una amplia zona repleta de cavidades tectónicas en las inmediaciones de Benaocaz (Cádiz) y que, al encontrar restos, los habían depositado en el museo arqueológico de Sevilla. No solo aprendí lo que era la espeleología, sino que tuve que federarme en esta especialidad deportiva que practiqué durante estos años (1979-1983), antes de que la enfermedad que desde entonces padezco me lo hiciera casi imposible. Acompañé a “aquellos locos maravillosos” en más de 40 cavidades y en una quincena de ellas recuperamos restos arqueológicos que demostraban la existencia de una extensa comunidad del Neolítico Andaluz en aquel singular paraje. Unos años después también colaboraron conmigo los grupos espeleológicos de Jerez y de Ubrique. En este último no sólo conseguí buenos apoyos a mis investigaciones, sino que me ofrecieron su generosidad y una sana amistad que aún perdura.

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Fotografía del invierno de 1985 durante las prospecciones del término municipal de Benaocaz (Foto: Luis Javier Guerrero Misa)

Cuando D. Manuel y Dª Pilar conocieron mis trabajos y yo les pedí hacer el grado de la carrera me insinuaron que debería incorporarme al grupo de “cartas arqueológicas”, algo que acepté de inmediato, como no podía ser de otra forma.

Entre 1984 y 1986 realicé no solo las primeras prospecciones autorizadas por la recién creada Consejería de Cultura, sino que practiqué las primeras excavaciones de urgencia de esta nueva etapa de la arqueología andaluza en los yacimientos de Archite (tardomedieval) y Peñón Gordo (prehistórico, ibérico y romano), ambos en el término de Benaocaz.

La excavación del despoblado medieval de Archite, una de las famosas 7 villas dadas al Marqués de Cádiz por los Reyes Católicos tras conquistar la sierra, fue el primer resultado directo tanto de la elaboración de la carta arqueológica (por entonces aún en curso) como de mi primera denuncia de peligro de destrucción del yacimiento por obras constructivas.

El segundo resultado de la carta arqueológica, aún más importante, se produjo al año siguiente, en 1987, ya que lo descubierto por mí en el Barrio Alto de Benaocaz durante la ejecución de la carta, me dió argumentos para paralizar la faraónica obra de construcción de una rotonda de circunvalación de Benaocaz que iba a arrasarlo por completo. No obstante, a pesar de mis informes, tuve que plantarme literalmente delante de las excavadoras para que no siguieran destruyendo el barrio de origen medieval.

La carta arqueológica de Benaocaz fue la pionera no solo en la Sierra de Cádiz, sino también en la provincia y abrió camino a una sistematización de los datos arqueológicos que hoy día consideramos como la piedra angular de los planeamientos urbanísticos de nuestros municipios.

Luego prospecté el término de Villaluenga, de Grazalema, de Prado del Rey, de Ubrique y de El Bosque, aunque no con la misma intensidad que el de Benaocaz, pero mis datos pasaron al catálogo de yacimientos de la Consejería de Cultura.

Treinta años después la mayoría de mis estudios siguen vigentes, aunque, lógicamente, hay cosas que hoy no firmaría; todos evolucionamos y la arqueología es de las ciencias que más progresan y sobre todo en la actualidad con equipos multidisciplanares que han dado una perspectiva, mucho más técnica incluso, a nuestras investigaciones. Por eso, no entiendo que algunos colegas (algunos incluso fueron amigos…) estén obsesionados por intentar demostrar que me equivoqué en escritos de hace veinticinco o treinta años (¡ya han tardado!), cuando lo que deberían hacer, en mi opinión, es desarrollar sus investigaciones de “motu proprio”, con sus aportaciones actuales, con medios que yo hace treinta años no podía ni imaginar y con un conocimiento previo que yo no tuve porque no existía.

Como muestra un botón, hace muy pocos días un colega ha presentado la pieza del mes de abril en el Museo de Jerez, precisamente un vaso neolítico de las Simas de la Veredilla de Benaocaz, que fue donado al museo por el grupo espeleológico GIEX y que yo pude estudiar, dibujar y publicar en 1987 gracias al mismo donante. En la charla no solo no me nombró como descubridor científico de Veredilla (y hasta ahora único estudioso de la misma), sino que obvió conscientemente la publicación del vaso objeto de la propia charla en el Anuario Arqueológico de Andalucía (publicación que conocía a la perfección pues alguien del público, en el ruego de preguntas, le inquirió el dato…por lo que no tuvo más remedio que darlo y por consiguiente nombrarme con evidente disgusto). Lo peor es que en la publicación de la charla en la web del museo se ve con claridad cómo no aparece esta publicación en la bibliografía, en un claro intento de silenciar mi trabajo… En fin, hay actos que por sí solos califican a quién los hace…

Vaso de Veredilla Sima Lentisco

Vaso neolítico de la Sima del Lentisco del complejo de las Simas de la Veredilla publicado por mi en el Anuario Arqueológico de Andalucía (diapositiva de Antonio Santiago Pérez).

Parece que algunos no me perdonan que haya llegado antes que ellos, que haya sido pionero en tantos aspectos en la sierra gaditana, un “pathfinder” que dicen los británicos, cuando, en el fondo,  gracias a mis trabajos ellos han tenido base para hacer los suyos.

Para los que estén interesados en obtener la carta, a pesar de los errores que pueda tener y del tiempo transcurrido, aquí les dejo el pdf.

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COMUNICADO DE LA ASOCIACIÓN “PAPELES DE HISTORIA” DE LA SIERRA DE CÁDIZ SOBRE LA RESTAURACIÓN DEL CASTILLO DE MATRERA

Publico en este mi blog el comunicado de la Asociación “Papeles de Historia” de la Sierra de Cádiz, de la que soy miembro, sobre el, a nuestro juicio, nefasto resultado de la reciente restauración de la Torre del Homenaje del Castillo de Matrera en Villamartín (Cádiz).

“La asociación “Papeles de Historia” de la Sierra de Cádiz, compuesta por historiadores, arqueólogos, historiadores del arte y antropólogos, lleva 30 años defendiendo el Patrimonio Histórico, Arqueológico y Etnográfico de la sierra gaditana.

Cuando hace unos pocos años, se anunció la restauración de la Torre del Homenaje del castillo de Matrera (Villamartín, Cádiz), nos congratulamos de la iniciativa, pues sin duda era una de las estructuras patrimoniales con mayor peligro de pérdida irreparable de toda la comarca. Uno de nuestros miembros ya denunció el deplorable y peligroso estado de la torre a principios del decenio pasado. El colapso y derrumbe de dos de sus bóvedas en 2013, mientras se aprobaba el segundo proyecto de restauración, ya que el primero había sido rechazado por la Comisión Provincial del Patrimonio Histórico de Cádiz (puede verse la correlación de hechos y fechas en el  BOPA 278 de 03/08/2013)), agravaron su ya precaria situación.

El hecho de que el propietario de la finca en la que se inscribe la fortificación afrontara en solitario, sin ayuda oficial, la restauración del monumento que es B.I.C., es digno de elogio en mitad de un panorama en el que la iniciativa privada en patrimonio brilla por su ausencia en nuestra comarca.

La terminación de las obras de restauración a principios de este año, ha generado una viva polémica que, convertida en viral por los medios y las redes sociales, ha traspasado el ámbito comarcal para convertirse en nacional e internacional.

A la vista por un lado, de los resultados de estas obras de restauración  y  por otro la amplitud de la controversia originada por las mismas, esta asociación quiere expresar su posicionamiento ante la lamentable situación creada por lo que realiza las siguientes puntualizaciones:

1.- El resultado final de las obras de restauración de la Torre del Homenaje del castillo de Matrera distorsiona gravemente la interpretación, lectura y visión de los restos que quedaban del edificio castral, pues la obra nueva prima de tal manera  sobre éstos, que se desvirtúa por completo el monumento al que se pretendía proteger. La obra nueva absorbe y en gran parte anula a la obra antigua, por lo que el bien de interés cultural restaurado ha quedado irreconocible. En este sentido no creemos que se cumpla estrictamente con lo estipulado en el artículo 20, punto 4, de la Ley 14/2007 de Ley de Patrimonio Histórico de Andalucía, pues una cosa es “evitar las confusiones miméticas” de las partes nuevas añadidas y otra que sean de tal magnitud que abrumen y casi anulen al bien de interés cultural.

2.- Todo ello proviene de un proyecto de restauración que consideramos muy arriesgado, excesivamente intervencionista en el monumento y que apunta a un protagonismo de la arquitectura de vanguardia que debería haberse dejado para otro tipo de construcción y no para una restauración de emergencia como era este caso. Decía Cesare Brandi, uno de los mayores ideólogos de la teoría de la restauración moderna, que el restaurador no debe ser “artista” y aquí nos parece que en este proyecto la solución arquitectónica ha sido más importante que el objetivo primordial de conservar el monumento.

3.- Evidentemente, este proyecto fue aprobado por la Comisión Provincial del Patrimonio Histórico en su momento, por lo que creemos que no se evaluó correctamente el impacto que sobre el bien a proteger iba a tener, primando más a la obra arquitectónica nueva que a las ruinas de la torre. Tampoco parece que se haya tenido en cuenta su impacto visual sobre el paisaje en el que se sitúa la fortaleza, provocando una ruptura del mismo. No es este el sitio más adecuado para plantear el evidente divorcio que parece que existe entre las nuevas teorías de la restauración arquitectónica y muchos profesionales del patrimonio, pero en todo caso es palpable que no hay sintonía tampoco con la sociedad civil que se ha hecho rápidamente eco de la polémica. Ha faltado por tanto, a nuestro juicio, un debate mucho más multidisciplinar, en el que deberían haber tenido voz otros profesionales del patrimonio, no solo arquitectos y arqueólogos (que parece que si los hubo en las fases iniciales del proyecto y estudios paramentales previos), sino también de la restauración pétrea, de la interpretación histórica, del medio ambiente e incluso del paisajismo.

4.- Hubiera sido mucho más acertado, desde nuestro punto de vista como profesionales del patrimonio que somos, haber realizado una consolidación en profundidad de los restos que quedaban de la torre, dejándola tal y como ha llegado a nuestros días, en una acción de respeto hacia la propia evolución histórica del monumento, conservando la huella que el tiempo había dejado sobre la torre. Estabilizarla, consolidarla estructuralmente y protegerla con impermeabilizantes e hidrofugantes (sobre todo en llagueados, restos de las bóveda, restos de tapiales, etc…) no solo hubiera sido mucho más adecuado desde el punto de vista histórico, sino que hubiera sido incluso más económico que una restauración del calibre de la que se ha efectuado.

I

Panorámica de la fortaleza medieval de Matrera, su Torre del Homenaje y su entorno paisajístico antes de su restauración (Fotografía de Alejandro Pérez Ordóñez).

5.- Pensamos que era absolutamente innecesario recuperar la volumetría de la torre, pues tal recuperación ha terminado creando un efecto rayano en lo reconstructivo, aunque se empleen materiales nuevos y diferenciados,  lo que entraría en contradicción con el antes citado artículo 20, punto 4, de la Ley del Patrimonio Histórico de Andalucía. No se ha restaurado lo que había llegado hasta nuestros días, sino que se ha recreado la visión que, hipotéticamente, tuvo la torre en alguno de sus momentos constructivos, sin que sepamos cuál de ellos. Hoy día,  hay suficientes medios informáticos, incluso muy asequibles, que hubieran ofrecido al espectador la recreación virtual de cómo pudo haber sido la torre, sin tener que transformar los restos de la misma. Con un  simple ordenador, situado en el museo por ejemplo, el interesado hubiera podido ver las distintas fases constructivas, su evolución y su progresivo abandono, todo ello sin intervenir sobre los restos.

6.- Igualmente ocurre con la distorsionada visión que presenta actualmente la torre desde su parte trasera, ya que la construcción de dos grandes contrafuertes ofrecen un panorama confuso que impactan notablemente y contrastan con los restos que realmente quedaban de esta zona. Estos contrafuertes y el coronamiento superior de la obra nueva, que incluso deja un paño antiguo “flotante”, no parecen que terminen de cumplir, por la magnitud de los mismos, con los criterios de reversibilidad impuestos por el art. 20, punto 3 de la Ley 14/2007 de Ley de Patrimonio Histórico de Andalucía.

7.- Existen elementos de la obra nueva que son interpretativamente confusos a simple vista, como la coronación del supuesto tercer cuerpo de la torre y el ya citado paño “flotante”, unos casetones que se aprecian en la parte baja interior de la torre o el por qué se ha extraído o diferenciado la merlatura que estaba amortizada en la última fase de construcción o reparación del edificio, falseando una de las etapas históricas que sí había llegado hasta nuestros días. Como se puede apreciar en las fotos anteriores a la restauración, se ha eliminado, bajo la nueva obra, parte de esa etapa constructiva posiblemente realizada por el concejo sevillano en la segunda mitad del siglo XIV. Uno de los preceptos esenciales de la teoría de la restauración es que “La Historia no debe eliminarse”. En consecuencia, creemos que este hecho claramente contraviene lo redactado en el artículo 20, punto 2, de la citada Ley del Patrimonio Histórico.

8.- Entendemos que la pretensión de dar el color supuestamente original de la torre (imaginamos que en su última reforma del siglo XV) a la obra nueva, no respeta la propia evolución histórica del edificio a la que antes hemos aludido y a la visión que en el último siglo hemos tenido del mismo, a nuestra memoria visual en suma. Uno de los principios básicos de la teoría de la restauración dice que  ésta debe ser fácilmente reconocible, aunque invisible desde la distancia a la cual la obra va a ser observada para no romper la unidad que se quiere recuperar. Éste no es nuestro caso, pues su visión, tanto de lejos como de cerca, es tan desconcertante que podríamos intuir que también podría incumplir el artículo 33 de la citada ley que dice que “se prohíbe toda construcción que altere el carácter de los BIC o perturbe su contemplación”.

9.- Por último, la defensa que se hace desde personas cercanas a la obra de restauración argumentando que esta problemática es una mera cuestión de “gustos”, es totalmente falaz puesto que hay, a nuestro juicio, suficientes elementos técnicos, metodológicos e incluso legislativos que son más que discutibles y que arrojan certeras sombras de duda sobre esta intervención en Matrera.

En definitiva, con este comunicado queremos dejar constancia de nuestra posición contraria a los resultados de la obra de restauración realizada sobre la Torre del Homenaje del castillo de Matrera y lamentamos que este tipo de intervenciones sobre el patrimonio, que no es la primera vez y seguramente no será la última que se produzca, terminen teniendo el efecto contrario al deseado, generando un daño no solo al propio patrimonio histórico que se pretendía proteger, sino dando una imagen de sociedad poco sensible con el respeto a nuestra legado histórico.”

IV

Torre del Homenaje del castillo de Matrera (Villamartín, Cádiz) antes de su restauración (Fotografía de Alejandro Pérez Ordóñez).

 

 

 

 

 

Conferencia sobre la aportación de la Arqueología al conocimiento de la Frontera Cristiano-Nazarí

Este próximo jueves, 16 de enero de 2014, participaré en II ciclo de conferencias que ha organizado la Asociación de Amigos del Archivo de Jerez (bajo el epígrafe “Caminando por la Historia. La frontera en las fuentes documentales”) con la conferencia que he titulado “Aportación arqueológica al conocimiento de la Frontera y la Repoblación de la Sierra de Cádiz: los casos de Benaocaz y Archite”. El acto se celebrará en el Salón que la ONCE tiene en Jerez, en la calle Gaitán, a las 20,00 horas.

A pesar de que hace ya algunos años que no intervengo arqueológicamente en Benaocaz, para mí fue todo un orgullo que este pasado verano el Ayuntamiento de esta preciosa villa de la Sierra de Cádiz me invitara a dar el “Pregón” de sus fiestas de verano. Fue una noche especial y muy entrañable para mí y quiero aprovechar para agradecer a su alcalde, Juan Mangana, y a su teniente de alcalde, Ana Belén García, los detalles que tuvieron conmigo. Benaocaz fue la razón por la que mi devenir profesional terminara por decantarse por la sierra gaditana. La primera vez que pisé tierras benaocaceñas fue en 1978, mientras aún era estudiante en la Facultad de Historia de Sevilla y ya colaboraba con el incipiente grupo de estudiantes y licenciados que el entonces conservador (y luego director) del Museo Arqueológico de Sevilla, Fernando Fernández, organizó para poder desarrollar una primaria “arqueología de urgencia”. En  esos años grupos espeleológicos de Sevilla (ETES) y Jerez (GIEX) habían comenzado a explorar las cavidades y simas de la sierra gaditana y en las de Benaocaz, se hallaron algunas con restos arqueológicos de época neolítica. Acompañé al ETES durante varios años en sus exploraciones en las denominadas “Simas de la Veredilla”  de Benaocaz (ver en este mismo blog mi entrada sobre este tema) y, junto con mi buen amigo Juan José Ventura, realizamos el control arqueológico de las mismas. Ambos aprendimos mucho de estas simas y pasamos momentos inolvidables y muy emocionantes cuando descubríamos salas repletas de restos neolíticos, pero también tuvimos momentos de bastante peligro en su interior, tanto que estuve a punto de perder la vida en una de ellas, la S-6.

Cuando acabé la carrera, mi catedrático de Arqueología, Don Manuel Pellicer, me sugirió que realizara la “Carta Arqueológica de Benaocaz”, dada mi vinculación al término, como memoria de licenciatura (las antiguas “tesinas”) y así durante más de dos años lo prospecté, ya con permiso de la recién creada Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía (tras recibir las transferencias de competencias desde Madrid en 1984). Fruto de ello fue mi publicación sobre la Carta Arqueológica de Benaocaz y como consecuencia directa de ella mi primera intervención arqueológica en la sierra, en el despoblado de Archite, donde se pudo documentar parte de una vivienda, con un hogar, y de una calle empedrada. La cantidad de cerámicas, algunas casi completas, tanto nazaríes, como cristianas de primeros del siglo XVI, que pudimos recoger en los dos sondeos, nos permitió fechar esa parte del despoblado y nos sugirió hipótesis sobre las posibles causas de su abandono a mediados del siglo XVI.

Luego seguirían mis intervenciones en el Peñón Gordo, en la Tireta y, sobre todo, en el Barrio Alto (también llamado turísticamente “Barrio Nazarí”) de Benaocaz.

Vista de la entrada al Barrio Alto de Benaocaz desde el Este en el año 2000 (Foto: Luis Javier Guerrero)

Vista de la entrada al Barrio Alto de Benaocaz desde el Este en el año 2000 (Foto: Luis Javier Guerrero)

El Barrio Alto de Benaocaz estuvo a punto de ser prácticamente destruido en 1987. El Ayuntamiento había encargado a los Servicios Técnicos de la Diputación el planeamiento y ejecución de una carretera de circunvalación del pueblo para poder expandirse hacia su zona alta y comunicar los extremos del mismo por una vía rápida que descongestionara las estrechas calles del centro de la villa. Esta obra afectaba de lleno al antiguo barrio alto, por entonces totalmente despoblado, además de a un puente y una fuente (El Tejar). Las obras se iniciaron en agosto de 1987 y tras ser avisado por un vecino de Benaocaz, me personé en el lugar de las primeras demoliciones y, a base de interrumpir el trabajo de los maquinistas, conseguí que pararan. Tras conversaciones con el entonces alcalde, Carlos Ramírez Gago, que accedió a escuchar mis argumentos y tras discutir con el arquitecto enviado por Diputación, denuncié los hechos ante la Delegación Provincial de Cultura que paralizó oficialmente la obra. Se realizó una reunión entre Ayuntamiento, Diputación y Cultura y se acordó que se hicieran una serie de sondeos arqueológicos y de estudios paramentales de los restos del Barrio, que desafortunadamente no estaba incluido dentro del Conjunto Histórico-Artístico hecho unos años antes desde Madrid, para comprobar la antiguedad y valía del mismo. Como dato curioso comentaré que los servicios técnicos de la Diputación habían clasificado a la mayoría de los restos de viviendas de los siglos XVI al XVIII como “cochineras”, “huertos” o “basureros” (sic). Algunas de estas “cochineras” aún tenían pilastras en sus portadas e incluso una un claro resto de haber tenido un escudo nobiliario en su fachada…

Fue así, como tras casi seis meses de excavaciones en distintos lugares del barrio y de estudiar el tipo de construcciones e incluso del empedrado de sus calles pudimos demostrar que el barrio había sido una parte importante de la villa, que se había originado en época tardorromana, que había sido habitado en época nazarí y ampliado en época moderna, tras su repoblación con vecinos cristianos en el siglo XVI y hasta su despoblamiento a finales del siglo XIX o principios del XX. Un barrio que conservaba, empero, un trazado urbanístico bajomedieval, con empedrados originales y con viviendas que pudieron estar “fortificadas” para afrontar los duros momentos del asalto final cristiano y que, luego, albergó casas señoriales, algunas de gran porte, como el llamado “Casinejo”. Unos años después se consiguió ampliar la delimitación del conjunto histórico-artístico de modo que incluyera el barrio, paradójicamente el más antiguo de la población.

Aunque la obra de circunvalación quedó paralizada, nunca se terminó de hacer el proyecto de rehabilitación integral del barrio que, tras las excavaciones, propusimos, y no fue hasta el año 2000 cuando, ya integrados en el proyecto de la “Ruta Arqueológica de los Pueblos Blancos”, volvimos a actuar sobre el Barrio Alto, al que ya se llamaba “Nazarí”. Durante dos campañas se limpió, se consolidaron muros, se apuntalaron otros y ,sobre todo, se desescombró gran parte del barrio, con toneladas de basuras, enseres, chatarra, etc…eliminados de las antiguas viviendas. A la calle principal se la dotó de saneamiento y de cableado eléctrico en una obra que se hizo con un control arqueológico riguroso y exquisito del antiguo empedrado que era fotografiado, dibujado y numerado piedra a piedra antes de las acometidas y restituido a su lugar y posición originales tras la colocación de tuberías y cables. Igualmente se realizó la señalización del mismo y se instalaron carteles interpretativos de la historia y características principales del barrio y algunas casas significativas. Luego hubo un par de Talleres de Empleo que siguieron las labores de limpieza y consolidación de zonas en mal estado, pero desde el año 2006 el barrio ha quedado de nuevo paralizado y su estado a día de hoy es lamentable, aunque me consta que el actual Ayuntamiento trabaja para intentar que no quede en el olvido de las administraciones que pueden invertir en él. Aún no todo está perdido…

Evidentemente, todas estas actuaciones arqueológicas han aportado datos importantísimos y desconocidos hasta ahora de aspectos cotidianos y, a veces, no tan cotidianos de la vida en la Frontera y en la posterior Repoblación cristiana de la sierra y, sobre todo, han aportado nuevas perspectivas para la investigación de un período histórico que aún nos es muy desconocido. Aquí la Arqueología aún tiene mucho que decir, tanto por sí misma, como en tareas de apoyo a otras fuentes del conocimiento de nuestra Historia, como son las documentales y archivísticas. De todo esto, espero poder hablar en la conferencia del próximo jueves.

Cartel de la Conferencia organidaza por la Asociación de Amigos del Archivo de Jerez

Cartel de la Conferencia organidaza por la Asociación de Amigos del Archivo de Jerez

Como actividad paralela a la conferencia sobre Archite y Benaocaz, la Asociación, con el respaldo del Ayuntamiento de Benaocaz, organizará una visita guiada al pueblo el próximo sábado 18 de enero, donde podrá visitarse el Ayuntamiento, su rico y aún poco conocido Archivo, que se remonta a los inicios del siglo XVI, el Barrio Alto o Nazarí, el Museo Histórico y el Centro de Interpretación sobre el Barrio Alto y la vida en la frontera, en el que también tuve la oportunidad de participar en la elaboración de sus contenidos y que, lamentablemente, se encuentra cerrado al público.

Puede consultarse el itinerario y precios en la web de la Asociación: http://amigosarchivojerez.com/?p=1365

Conferencia sobre las “Excavaciones en la ladera del Castillo de Olvera”

Antes que nada felicitaros el año nuevo a todos los que os acerquéis por aquí…Esperemos que éste sea mejor que el que se acaba de terminar, ¿no?. Siguiendo con los actos de presentación del número 6 de la Revista “Papeles de Historia”, que acabamos de publicar a finales de año, este viernes, 14 de Enero de 2011, a las 20,30 horas, realizaremos la presentación de la publicación en la Casa de la Cultura de Olvera ya que este ayuntamiento, junto con el de Ubrique, ha cofinanciado la revista. Está previsto que el acto sea presidido por el alcalde de Olvera, Fernando Fernández, y por los compañeros de la Asociación “Papeles de Historia” y del Grupo de Investigación de la Uned de Olvera, Fernando Sígler y Juan Antonio del Río. De “telonero” voy yo con una conferencia sobre las “Excavaciones arqueológicas en la ladera del Castillo de Olvera”.

Panorámica del cerro del Castillo de Olvera desde la cara Norte

La conferencia será un resumen del artículo, que conjuntamente con la arqueóloga portuense Ester López Rosendo (autora de gran parte del estudio de materiales), hemos publicado en dicha revista con el título de “El descubrimiento de un nuevo enclave tartésico-orientalizante en la Sierra de Cádiz: el «oppidum» de Olvera”. Las causas que dieron origen a estas excavaciones arqueológicas de urgencia fueron las obras de construccion de un aparcamiento al descubierto en la ladera Norte del cerro del castillo, financiado con fondes FEDER, en el marco de la iniciativa de creación de infraestructuras culturales y turísticas denominada “Culturcad”, promovida por la Diputación de Cádiz. Durante las primeras explanaciones realizadas en febrero de 2006 sobre la ladera, aparecieron grandes cantidades de cerámicas de todo tipo y lo sorprendente fue que, en contra de lo que cabría esperar, no eran cerámicas medievales (nazaríes o cristianas) procedentes de la ocupación del castillo, sino cerámicas tartésicas, orientalizantes e ibéricas de gran espectacularidad. Ello dió origen a la intervención arqueológica que dirijimos y cuyo resultado más palpable fue la constatación de la existencia de unos muros tartésicos bajo la línea de murallas del castillo, con gran abundancia de materiales arqueológicos tanto tartésicos, orientalizantes, como ibéricos posteriores, que nos indican, con claridad, la existencia de un “oppidum” prerromano, con una cronología que podría abarcar entre fines del siglo VII a.C. y el siglo III a.C.

Este “oppidum” estaría situado en un lugar estratégico de comunicaciones, auténtica encrucijada de caminos, en una intersección que controla el paso hacia el Valle del Guadalquivir a través del río Corbones, la salida hacia la campiña de Campillos-Antequera por el Este, y el cauce del Guadalete (a través del río Guadalporcún) con salida hacia Ronda-Acinipo-Málaga  por el Suroeste. Algunas cerámicas nos hacen pensar más en una relación con las colonias fenicias de Málaga que con las de Cádiz.

Además, pudimos comprobar la existencia de materiales prehistóricos de momentos del Neolítico Final (IV milenio a.n.e.) por un lado y del Calcolítico Campaniforme por otro, dando una dilatada secuencia cronológica al asentamiento (y por ende a la propia ciudad), junto con los lógicos materiales medievales y modernos procedentes del castillo. Curiosamente, en esta secuencia no se detectaron materiales romanos de ningún tipo, lo que nos hace sospechar  que la fortaleza ibérica, situada en el cerro del castillo, pudo ser destruida durante la Segunda Guerra Púnica por los propios romanos y que  no se volvió a habitar en ella hasta época musulmana.

Los resultados de estas excavaciones también se publicarán dentro de poco (ya he enviado las correciones) en el Anuario Arqueológico de Andalucía de 2006 que imagino se publicará en pocos meses. Cuando lo haga lo subiré a este blog. Esperemos que la conferencia sirva para difundir algo más de la escasamente conocida dinámica arqueológica de este importante municipio serrano.

Fotografía de unos de los sondeos realizados al pie de la barbacana del castillo de Olvera (Foto: Luis Javier Guerrero)

 

Actualización/Edición del 19 de Enero.

A pesar del frío reinante em Olvera (acabamos sobre las 22,00 horas…), la presentación de la Revista Papeles de Historia en Olvera y mi conferencia sobre el “oppidum” tartésico/ibérico del cerro del castillo, fue un éxito de público. Para no reiterarme mucho os pongo el enlace que sobre el acto ha publicado el Periódico de Ubrique, con texto y fotos del mismo:

Conferencia en Olvera. 14 de Enero de 2011

También os comunico que podeís adquirir la nueva Revista de Papeles de Historia a través de mi contacto en este mismo Blog

 

 

 

Las Cuevas-Simas Neolíticas de Veredilla (Benaocaz, Cádiz)

Cuando aún era estudiante en la Universidad de Sevilla (1977), comencé a colaborar en las campañas de excavaciones arqueológicas de urgencia que realizaba el Museo Arqueológico de Sevilla, competente en aquellos momentos de finales de la década de los setenta e inicios de los ochenta, dependiente de Madrid, pues aún no se habían formado las autonomías. El Museo, del que intentaré hablar aquí alguna otra vez, fue realmente, no sólo un excelente campo de prácticas arqueológicas, sino una verdadera “escuela” de Arqueología bajo la dirección de Fernando Fernández, primero conservador del museo y luego Director del mismo hasta su reciente jubilación.

En estos años, una serie de grupos espeleológicos, capitaneados por el ETES de Sevilla y por el GIEX de Jerez de la Frontera, comenzaron a explorar un amplio y extenso complejo de cuevas y simas, la mayoría de origen tectónico y no hídrico, en el termino municipal de Benaocaz (Cádiz). La zona, con un impresionante relieve kárstico, está hoy día incluida en el Parque Natural de la Sierra de Grazalema y es de una singular belleza paisajística. En ella, hacia el V milenio a.n.e., debió habitar una densa comunidad de pastores y, en menor medida, agricultores neolíticos que usaron las cuevas como hábitat y, posiblemente también, como zona de enterramiento.

A partir de 1977 y hasta 1984 (con un breve intervalo en 1988 con el GESUB de Ubrique), mi compañero y amigo Juan José Ventura y yo mismo, por indicación de Fernando Fernández, estuvimos colaborando en las tareas espeleológicas de exploración, documentación y topografía de estas cuevas-simas y en donde hallamos una impresionante cantidad de yacimientos neolíticos en superficie (sobre una docena aproximadamente). Para ello tuvimos que federarnos en Espeleología y acompañar a estos increíbles deportistas, con riesgo, a veces, de nuestras propias vidas (un accidente en la S-6 estuvo a punto de costármela) y compartir con ellos los esfuerzos, el cansancio y el duro trabajo espeleológico, pero también las satisfacciones que una cueva puede llegar a darte. La emoción de entrar en ámbitos, casi estancos, sellados, donde seguramente hacía siglos o milenios en los que nadie entraba y hallar los restos arqueológicos dejados allí por nuestros antepasados, superaba cualquier sensación de riesgo (y no digamos nada del “atrevimiento” de nuestra propia juventud, porque ahora no sé ni cómo pudimos llegar a realizar esas travesías troglodíticas casi en vertical la mayoría de las veces). La propia génesis, configuración y evolución de las cuevas-simas había conservado, a veces “in situ”, las cerámicas, los objetos líticos y óseos de los antiguos habitantes de las mismas en un estado de conservación increíble. Es más, una gran parte de los vasos cerámicos se hallaban completos e intactos.

El estado de conocimiento que a finales de los años setenta se tenía de lo que hoy se puede denominar como el “Neolítico Antiguo Andaluz” era (y a mi parecer sigue siéndolo hoy día) bastante precario, pero nuestros descubrimientos ocurrieron en paralelo a un momento en el que, precisamente los catedráticos de la Universidad de Sevilla, el matrimonio compuesto por D. Manuel Pellicer y Dª Pilar Acosta (tristemente fallecida hace unos años), iniciaban su estudio, siendo la Sierra de Cádiz, junto con la Norte de Sevilla y la Cueva de Nerja en Málaga, donde se pudieron realizar las primeras estratigrafías que, aún hoy, siguen siendo básicas para su sistematización y comprensión.

Vaso ovoide con tres asas hallado en la Sima S-10 de Veredilla (Benaocaz, Cádiz) hoy dia expuesto en el Museo de Cádiz (V milenio a.n.e)

Nuestras aportaciones a este momento de la Prehistoria de Andalucía las fuimos plasmando en una serie de artículos en revistas especializadas y divulgativas (que iré subiendo a este blog paulatinamente, aunque muchas de ellas estén ya algo desfasadas a nivel científico) y tuvieron la oportunidad de dar forma tipológica a cerámicas que en otros yacimientos aparecían sólo en fragmentos y sólo se intuían, puesto que en Veredilla recogimos una cuarentena de vasos completos o restaurables. Muchas de estas cerámicas, en especial los vasos a la almagra (un engobe rojo brillante que las caracteriza y que es un fósil-guía de este momento del neolítico andaluz), están expuestas en los Museos Arqueológicos de Sevilla y Cádiz.

Hoy en día, los prehistoriadores siguen otras escuelas de conocimiento, de interpretación y de sistematización y aunque utilizan nuevas nomenclaturas y métodos de análisis, las cerámicas de Veredilla siguen siendo exponentes impresionantes de la perfección técnica a la que llegaron las comunidades agro-pastoriles de las sierras andaluzas.

Vaso a la almagra hallado en la Sima 3-4 de Veredilla y expuesto en el Museo Arqueológico de Sevilla (V milenio a.n.e.)

A continuación os pongo el formato pdf la última de las publicaciones que realicé sobre Veredilla, puesto que abandonada mi nunca leída tesis doctoral (sobre precisamente estas cuevas-simas), mi devenir profesional me llevó hacia otros lugares. Se trata de la cueva-sima más grande y complicada de Benaocaz, la denominada S-6 o “Cueva del Nicho”, que por sí sola aportó más del 60% de los fragmentos cerámicos hallados en toda la zona, publicada en el número 1 de SPAL, la Revista del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Sevilla, año 1992.

La Sima S-6 de Veredilla

La fortaleza musulmana de Cardela (Caserío de Fátima, Ubrique)

A continuación os adjunto un interesante estudio de nuestro compañero y amigo Manuel J. Castro Rodríguez, sobre el estado de la cuestión en torno a la fortaleza musulmana de Cardela (Ubrique), que se publicó originalmente en la Revista Papeles de Historia nº 5 en el año 2006. Es una auténtica lástima el estado de abandono de este histórico castillo que fue una verdadera punta de lanza de las defensas granadinas contra el reino castellano y su avance, siendo escenario de numerosos asaltos y combates narrados en las crónicas de la Guerra de Granada. Su casi inexpugnable situación sobre un impresionante farallón calizo le convirtieron en una estructura militar (un hisn en términos militares musulmanes) muy codiciada por ambos bandos.

Aunque se han realizado algunos estudios sobre su papel histórico y sobre los restos conservados desde el punto de vista arquitectónico o poliorcético, nunca se han realizado investigaciones arqueológicas por lo que no descartamos que pudiera ser un núcleo de poblamiento preislámico.  Bajo la fortaleza se encuentran los restos del poblado musulmán que a pesar de ser incluido entre las famosas “Siete Villas” donadas por los Reyes Católicos al Marqués de Cádiz, Rodrigo Ponce de León, en 1490, no fue repoblada y quedó abandonada a comienzos del siglo XV. Tampoco se han realizado investigaciones arqueológicas en este yacimiento nazarí.

Popularmente se le conoce también como Castillo de Fátima, por estar en las inmediaciones del caserío del mismo nombre.

Cardela, notas para un estudio arquitectónico PH5

Grupo de Investigación de la Sierra de Cádiz

No he podido actualizar mucho el Blog, pero espero que a partir de ahora pueda entrar más asiduamente y seguir posteando noticias sobre el Patrimonio Histórico y Arqueológico de la Sierra de Cádiz.  De momento me gustaría haceros partícipes de la constitución formal de nuestro Grupo de Investigación sobre la Historia, la Cultura y el Patrimonio serrano que hemos formado algunos compañeros de la Asociación Papeles de Historia, adscrito a la UNED, en su sede de Olvera (Cádiz) con el nº G151H34. Os pongo aquí el resumen del Acta de Constitución, de la que se han hecho eco diversos medios.

“En el Aula de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) de Olvera se reunieron el sábado 9 de enero de 2010 los miembros de la asociación Papeles de Historia para constituir oficialmente el Grupo de Investigación Sierra de Cádiz, historia, patrimonio, cultura, adscrito a la UNED, aprobado por el Vicerrectorado de Investigación de la UNED con el número G1511H34 el 27 de mayo de 2009 y dirigido por Juan Avilés Farré, catedrático de Historia Contemporánea de la UNED. Los componentes de este grupo de investigación son todos miembros de la Asociación Papeles de Historia. Las líneas de investigación aprobadas son las siguientes:
– “Del dolmen a la frontera y la arquitectura moderna y contemporánea: huellas del patrimonio histórico de la Sierra de Cádiz”.
– “Tras la estela de Pitt-Rivers: estudios de antropología de la Sierra de Cádiz”.
– “El legado del liberalismo de 1812 en la historia de la Sierra de Cádiz en el siglo XIX y primer tercio del XX”.
– “Educación ambiental”.
El grupo acordó que las primeras actividades de difusión de las investigaciones efectuadas en el último año por los miembros de este grupo de investigación sean las siguientes:
– Publicación del número 6 de la revista Papeles de Historia, editado por la Asociación Papeles de Historia.
– Publicación de una monografía sobre la memoria histórica de Olvera, editada por el Ayuntamiento de Olvera, patrocinada por la Consejería de Justicia de la Junta de Andalucía y adjudicada a la asociación Papeles de Historia.
– Publicación de una monografía sobre el diputado gaditano de las tres legislaturas de la Segunda República Manuel Muñoz Martínez, producto de un proyecto de investigación patrocinado por la Delegación de Ciudadanía del Área de Presidencia de la Diputación Provincial de Cádiz y adjudicado a la asociación Papeles de Historia.
Las tres publicaciones verán la luz dentro del primer semestre de 2010.

Acto de constitución del Grupo de Investigación en la sede de Olvera. De izquierda a derecha, Fernando Sígler, Antonio Morales, Luis Javier Guerrero, Juan Antonio del Río, Hugo Palomares, Manuel Castro y Jesús Román.

Los componentes de este grupo de investigación son:
– Fernando Sígler Silvera. Doctor en Historia por la UNED y tutor del Aula de Olvera del Centro Asociado de la UNED de Cádiz.
– Juan Antonio del Río Cabrera. Licenciado en Filosofía y tutor del Aula de Olvera del Centro Asociado de la UNED de Cádiz.
– Jesús Román Román. Licenciado en Historia por la UNED y arqueólogo.
– Antonio Morales Benítez, licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla, doctorando por la Universidad de Cádiz y profesor de Enseñanza Media.
– Luis Javier Guerrero Misa. Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y arqueólogo.
– Manuel Castro Rodríguez. Arquitecto técnico y profesor de Enseñanza Media.
– Hugo Palomares Beltrán. Licenciado en Historia por la Universidad de Cádiz.
– Alejandro Pérez Ordóñez. Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Granada e investigador de la Escuela de Estudios Árabes del CSIC.
El domicilio social de este grupo de investigación se ha fijado en la sede del Aula de la UNED de Olvera, en C/ Llana, 60.”